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Patrimonio Arqueológico

La Afurgad indígena. El poblamiento prehispánico en el término municipal de Firgas (Gran Canaria, Islas Canarias).

Antonio M. Jiménez Medina

Lcdo. en Geografía e Historia, arqueólogo.

Juan M. Zamora Maldonado.

Investigador.

Las primeras referencias de la Firgas indígena, Afurgad en el antiguo idioma de los pobladores prehistóricos de la isla de Gran Canaria (que podría traducirse como pradera cercada, lugar de vegetación, muralla o fortaleza alta, según diversos autores como Juan Álvarez Delgado, J. Sebastián López García, Juan del Río Ayala o Celso Martín de Guzmán), se localizan en las denominadas Crónicas de la Conquista. Así Andrés Bernáldez, cura de la localidad sevillana de Los Palacios, comentaba en 1513 que entre los poblados indígenas de Gran Canaria existía uno, durante la Conquista (1476-1483) denominado como Afurgad.

Gracias al actual Cronista Oficial de Firgas, D. Manuel Perdomo Cerpa, conocemos varias referencias a lugares o asentamientos arqueológicos que aparecen citados en diversos documentos de los siglos XVII, como los silos del lugar conocido como Vasco López (entre La Cruz y La Caldera), que aparecen en un documento de compra venta fechado en 1652.

Otros yacimientos arqueológicos de Firgas comienzan a conocerse a partir de los años 70 del pasado siglo XX, gracias a la excavación dirigida por el Dr. Juan F. Navarro Mederos (El Hormiguero, 1977), los datos aportados por el Dr. Celso Martín de Guzmán (Silos de Vasco López, 1981 y 1984) y el Dr. J. Sebastián López García (silos de Vasco López, 1986), así como por otros datos que aparecen en diversos artículos de prensa y de revistas (El Cabezo y La Guancha, B.M., 1984, Santana Sánchez, A., 1984, Montelongo Parada, V., 1988 y Mederos, M., 1990).

Si bien, es a partir del primer inventario arqueológico, llevado a cabo por el Servicio de Arqueología de El Museo Canario (1995), cuando comienza a documentarse la Carta Arqueológica de Firgas (revisada en 2004, bajo la coordinación del arqueólogo Eliezer Medina Moreno) y a localizarse nuevos asentamientos prehispánicos.

A raíz de la publicación en 2010 del libro la Afurgad indígena, se han podido documentar en el término municipal de Firgas, hasta el momento, un total de veintiséis (26) yacimientos arqueológicos, si bien es posible que futuras investigaciones aumenten este número, en especial a lo que hallazgos casuales pudieran producirse, dada las profundas modificaciones en el entorno que se prevén para este término municipal en los próximos años.

Estos 26 enclaves prehistóricos nos aportan el reflejo del modo de vida de los antiguos canarios, a través de sus cuevas de habitación, sus poblados, sus lugares de enterramiento (en cuevas naturales sobre todo), sus áreas de almacenamiento (graneros) y sus sitios de reunión y de culto, así como sus manifestaciones rupestres. Para ello se expondrán las descripciones de cada lugar arqueológico, qué grado de dificultad poseen para su visita, etc.

Entre los yacimientos de Firgas destacarían La Guancha, Los Silos de Azuaje, Los Silos del Barranco de Jiménez, El Hormiguero, El Cabezo, las cuevas de La Trinidad y El Convento.

En esta zona de Firgas existen, en líneas general, se han conservado mejor los yacimientos que en Arucas, debido al mayor y complejo proceso de antropización y transformación del entorno que ha sufrido el municipio de Arucas, frente a Firgas. En ese sentido, en Arucas, debido a la roturación de terrenos por una parte, en el pasado, para fines agrícolas, especialmente al cultivo masivo y extensivo de la platanera (que ocupó más de un 40% de la superficie total de su territorio), y hoy día, con fines urbanísticos (más del 20% de la superficie total es suelo urbano o urbanizable), se han conservado menos yacimientos arqueológicos (al menos los que son visibles). En el estado actual de las investigaciones se han podido documentar en Arucas unos 22 asentamientos prehispánicos que se hayan conservado, a nivel superficial, de los cuales algunos podrían tratarse de manifestaciones etnográficas. Por esta razón, debido a la, en principio, mejor conservación (en superficie, es decir en cuanto a yacimientos visibles) de los yacimientos en Firgas, si cotejamos los datos con Arucas, es por lo que se explica que el método de la prospección tenga un porcentaje mayor en Firgas, mientras que el método de localización a través de la información oral tenga un porcentaje mayor en Arucas. Si bien hay que aclarar que existe una diferencia, bastante importante, en cuanto a la superficie total que poseen ambos municipios (15,77 kilómetros cuadrados para Firgas, frente a 33,5 kilómetros cuadrados en el caso de Arucas), así como a la orografía, la pendiente, etc. (Arucas posee un territorio, en líneas generales, con menos pendientes y menos accidentado que Firgas), aspectos que, de alguna manera, inciden en cuanto al método de localización, puesto que, en otras razones muchos de los yacimientos de Firgas (tal es el caso del 85% de los yacimientos) se emplazan en laderas de difícil acceso, con importantes pendientes y en los que el suelo se encuentra clasificado, urbanísticamente, como rústico en sus diversas categorizaciones.

La elección de los asentamientos se encuentra en estrecha relación con los condicionamientos geográficos, de tal forma que se aprecian una serie de parámetros ambientales que definen el emplazamiento de los lugares de hábitat, de las necrópolis y de las zonas de almacenamiento. A continuación y, con carácter provisional, hasta la consecución de otros estudios, describimos algunos de los planteamientos observados:

En relación a los asentamientos de hábitat, todos, sin excepción se establecen muy próximos o próximos a cauces permanentes o semipermantes de agua. En ese sentido, los asentamientos se ubican en los aledaños de los principales barrancos de la zona costera, Azuaje y Los Dolores.

En cuanto al tipo de hábitat se refiere y en relación al número de yacimientos documentados, la cueva natural es el elemento más utilizado (62%), luego le sigue la casa de piedra seca (25%) y después la cueva artificial (13%). Si bien hay que aclarar que en el caso de las cuevas naturales se tratan de pequeños asentamientos conformados por una o dos unidades de relativas pequeñas dimensiones, mientras que las cuevas artificiales se concentran en el poblado de La Guancha, que claramente superan en número y dimensiones a todas las cuevas naturales empleadas como hábitat en Firgas, que se hayan podido documentar.

La mayor parte de las zonas de hábitat (el 85%) se asientan sobre Lavas basálticas olivínico-piroxénicas, basaníticas y tefríticas. Este tipo de soporte hace posible la presencia de cuevas naturales, que son empleadas con fines habitacionales. En todo caso, esta elección del tipo geológico parece bastante obvia, puesto que una parte muy importante de la superficie del municipio de Firgas está conformada por este tipo de material geológico.

Por otra parte, casi todo el hábitat documentado (70%) si sitúa entre los 100 y los 200 metros sobre el nivel del mar, aspecto que se relaciona con unas precipitaciones actuales bajas pero aceptables (< 200 mm., así como por un clima actual del tipo BSn, estepario cálido con verano fresco, representado por un 60% de los yacimientos destinados al hábitat. Si bien habría que decir que el más importante núcleo de población indígena se asentaría en una zona de clima (actual) tipo BWn, es decir algo más cálido, con menos precipitaciones. Si bien habría que aclarar que los tipos de climas pudieron ser diferentes durante la etapa prehispánica, debido sobre todo a los cambios climáticos ocurridos en estos últimos siglos.

Este aspecto coincidiría con el desarrollo actual de los lugares de poblamiento que más desarrollo ha tenido en estos últimos años del municipio de Firgas, desde El Lomito, Los Dolores, Buenlugar, hasta Cambalud y Casablanca. De la misma manera, se aprecia la presencia de una pendiente baja para las zonas de casas de piedra seca (en torno al 10 y el 20%), mientras que para las cuevas naturales se establece desde el 20 hasta el 30% y existe algún caso excepcional del 40%. También se observa la protección del azote de los vientos. Todos los poblados documentados estarían protegidos del azote de los vientos, que generalmente soplan de componente Norte y Nordeste. Por otra parte, existe una orientación general de los poblados a la vertiente de solana y todos los poblados se establecen en el piso de vegetación del xerófilo y próximo a los palmerales.

En cuanto a las áreas funerarias documentadas, que son la mayor parte de los yacimientos registrados, si bien hay que aclarar que casi todos los enclaves funerarios se agruparían por áreas, tales como El Hormiguero, El Barranquillo (con 2 enclaves) y El Cabezo (que incluiría hasta 6 enclaves), mientras que el resto suponen un solo enclave por área (El Cementerio, Camino del Convento, El Lomito y el caso del solapón aislado de La Trinidad). Estas necrópolis se asocian claramente con restos humanos, excepto dos que sólo se conocen por información oral (El Cementerio y El Lomito), se observa que hay una relación con el tipo de material geólogico, que coincide para el hábitat, pues se utiliza sobre todo la cueva natural (90%), frente al empleo de cistas (10% que se corresponde con un sólo ejemplo), desconociéndose, hasta el momento, el empleo de túmulos o de cuevas artificiales. El material geólogico sobre el que se asientan las necrópolis es el conformado por lavas basálticas olivínico-piroxénicas, basaníticas y tefríticas (67%), mientras que el resto se asientan, sobre todo, en lavas nefelínicas subordinadas, tefrítico fonolíticas, tefríticas y tefrítico fonolíticas y lavas basaníticas (25%), existiendo un único caso sobre Brecha volcánica Roque Nublo (8%).

Por otra parte, las necrópolis se sitúan, al igual que sucedería para el hábitat, en los suelos menos fértiles, dejando los mismos para el cultivo y pastos. De la misma manera, se observa que la inmensa mayoría de las necrópolis se establecen entre los 100 y los 200 metros sobre el nivel del mar (84%), frente al resto que lo hace entre los 0 y los 100 metros (16%). A partir de los 200 metros de altitud no conocemos ninguna necrópolis, si bien por información oral conocemos una posible que se ubicaría en las proximidades de la Montaña de Firgas, si bien este dato no se ha podido confirmar. La pendiente también condiciona la elección de las necrópolis, pues las zonas de cuevas funerarias presentan pendientes importantes, en torno al 40% (el 67% de los enclaves sepulcrales), mientras que para el único caso de enterramientos en cistas la pendiente se establece en el 30%. Existen algunos casos de pendientes del 50% para los yacimientos de El Hormiguero y de El Corralillo y el caso excepcional del solapón que se ubica en las proximidades de la Acequia de San Andrés en la que la pendiente media de la zona es del 60%. Si bien, en estos casos la pendiente es relativamente alta, lo que parecería inducir que los difuntos se depositarían en lugares verdaderamente inaccesibles, hay que decir en la mayor parte de estas áreas sepulcrales se observa la presencia de caminos (a veces con anchos que superan el metro y el metro y medio) que comunicarían las diferentes zonas de deposición de los cadáveres. Otro aspecto es la orientación, en el que si parecen observarse diferencias sustanciales, pues el 75% de los yacimientos funerarios se orientan a la umbría y sólo el 25% restante a la solana. En ese sentido, casi todas las cuevas funerarias que se ubican en las márgenes de los barrancos, lo hacen a la umbría. Asimismo, el emplazamiento de todas las necrópolis se establece en el piso de vegetación del xerófilo.

Las áreas destinadas al almacenamiento (2 conjuntos de silos del Barranco de Azuaje, posible granero de Cambalud y los silos excavados del Barranco de Jiménez) se asientan generalmente sobre un soporte de cenizas y picones consolidados y cementados (toba volcánica). Geológicamente todos estos lugares de almacenamiento se emplazan en zonas en las que predominan las lavas basálticas olivínico-piroxénicas, basaníticas y tefríticas.. Este material deleznable permite la fácil horadación para la realización de los huecos que conforman los silos.

Los únicos casos de zonas extractivas de basalto vacuolar se establecen en lugares con vetas potentes de este tipo de material, tales son los ejemplos de Los Molinillos y El Corralillo. Si bien, como nos informó el labrante tradicional D. Antonio Pérez (natural de Arucas) hasta hace algunas décadas los canteros que fabricaban, de manera artesanal, piedras de molino, no extraían el material de canteras (al ser ésta una piedra muy dura), sino que la sacaban directamente las piedras que se encontraban sueltas en las laderas de los barrancos, volteándolas hacia el cauce. Por lo que habría que plantearse, si los antiguos canarios también emplearían ese mism sistema para extraer el basalto vesicular, ahorrando esfuerzo y tiempo.

Por otro lado, las zonas cultuales, de las que sólo conoceríamos un caso (y si es que realmente se trataría de un lugar cultual), las manifestaciones rupestres del Barranco de Guadalupe se emplaza en un lugar, relativamente aislado y de difícil acceso.

En cuanto al ganado, pensamos que en la zona costera la cabra estaría más representada que la oveja, si bien ésta pudo desarrollarse en zonas con altitudes superiores (tal y como ocurre hoy día), ya que la primera es menos exigente con la calidad de los pastos y soportaría mejor las temperaturas medias de la zona y, por otro lado, la ganadería suida (semisalvaje) se ubicaría en el piso termocanario subhúmedo-húmedo, al necesitar, los cerdos, una constante humedad en su cuerpo.

La localización de varios barrancos de cierta importancia hídrica como el de Azuaje, el de Los Palmitos-Bañaderos, el de Jiménez-Arucas, sobre todo, podrían haber facilitado la comunicación con la cumbre o comunicación radial y, sobre todo, con la costa o comunicación transversal (Grandío de Fraga, E., 1987), en la que se aprovecharían los recursos marinos (recolección y pesca, así como extracción de sal), a pesar del estado de marejadilla que presenta, frecuentemente, las costas del Norte de la isla. Aunque, también hay que matizar, que la comunicación por los barrancos podría no haber sido tan buena, ya que a un cauce casi permanente de agua habría que añadirle una vegetación exuberante. Asimismo, en los barrancos también podrían haberse aprovechado otros recursos, como la pesca de la anguila, la recolección de vegetación hidrófila, la recogida de arena, barro e incluso cantos rodados para la fabricación de estructuras de piedra seca y la elaboración de la industria lítica.

Esta zona de Firgas formaría parte del (probable) cantón (entendido como unidad socio-política, no como zona autárquica), conformado por un grupo (de tal vez 1.000 habitantes, aunque estos datos son meramente orientativos), de Arehucas, siendo uno de sus límites más claros el Barranco de Tenoya y, tal vez, el Barranco de Azuaje. Para algunos investigadores el cantón de Arehucas estaría conformado por los actuales términos municipales de Firgas, Moya y Arucas. En todo caso desconocemos si realmente existía el citado cantón y si fuera así, desconocemos, también, cuáles serían sus límites claros y precisos.

Es de destacar los resultados de las dos excavaciones desarrolladas en El Hormiguero (1977) y El Cabezo (2008).

El Hormiguero:

Conjunto arqueológico conformado por una necrópolis que posee, al menos, 6 solapones, de 2-9 metros de longitud (de los cuales sólo 1 no había sido expoliado) y 1 cueva natural de enterramiento, que fue excavada en 1977 por el equipo dirigido por el Dr. Juan Francisco Navarro Mederos. Se documentaron hasta 16 individuos.

Datado en el 210 d.C., fecha calibrada entre el 70 d.C. y del 460 d.C. (Martín Rodríguez, E., 2000: 43).

En el recinto 4 se documentaron 3 momentos diferenciados de deposición de los cadáveres, sin acondicionamiento previo, ni yacija individualizada.

Los individuos fueron depositados de forma directa sobre la superficie a ocupar y, en ningún caso, fueron enterrados, es decir, se les puso encima tierra.

Solapan 5 (de mayores dimensiones): se observó una subdivisión interna del espacio empleado para depositar a los sujetos, que denotaría una compartimentación y ordenación del espacio, hasta 3 niveles de deposiciones, tanto de huesos revueltos, como de un depósito intacto.

Pautas culturales: no se observa ningún patrón común relativo a la posición adoptada por los cuerpos, se documentaron individuos colocados tanto de decúbito supino (boca arriba), como decúbito lateral alargado (hacia un lado), como 1 caso de decúbito prono (boca abajo). Los cadáveres fueron depositados si ningún criterio.

Orientación: todos los sujetos depositados en un mismo solapón poseían la misma orientación, que 1 caso fue hacia el SW-NE y en el otro caso fue de N-S, que parece corresponderse con las características de cada recinto (Navarro Mederos, J. F., 1979: 333-334).

Según los estudios bioantropológicos llevados a cabo por el Dr. J. Velasco Vázquez la población que vivió en las proximidades de El Hormiguero-El Cabezo presenta, al igual que el resto de la población general de la isla, "un régimen nutricional deficiente, probablemente a consecuencia de una dieta con un componente vegetariano mayoritario y, quizás eventualmente, consumida en cantidades insuficientes", pero esto no quiere decir que los indígenas que habitaron, entre el año 70 d.C. y el 460 d.C., esta zona de Firgas pasasen hambre, sino que por diversas circunstancias sociales, económicas, culturales y ambientales, padecieron malnutrición (Velasco Vázquez, J., 2000: 451).

El Baranquillo de El Cabezo:

Según los estudios de los arqueólogos J. Santana, F. Mendoza, I. Suárez y M. Moreno (2010), el área mortuoria documentada se corresponde con un solapón natural ligeramente transformado para su habilitación como tumba.

La construcción se dispuso originariamente para contener los restos de 1 individuo adulto (33-45 años), tras la colmatación de la sepultura fue reutilizado, con posterioridad, para la deposición de 2 individuos perinatales (de entre 38-43 semanas +/- 2 semanas).

Además se localizaron los restos de otro adulto, desconociéndose su estado primario, clase de sepultura y su relación con respecto a los otros individuos.

Depósito afectado por madrigueras de conejos, encharcamientos, raíces, etc.

La sepultura (colocación murete de piedra, nivel sedimentario, etc.) fue preparada, con antelación, antes de depositar al individuo adulto.

Una vez depositado el individuo se termina de levantar el muro de cierre.

Luego el interior del solapón se colmata (con sedimentos naturales). Sobre este nivel se deposita los dos individuos perinatales. Los restos del otro adulto se localizaron desplazados.

Sobre todos los restos existía un paquete sedimentario producto de procesos naturales y de la descomposición (Santana, J. et al., 2010: 9-29).

Individuo 1: inhumación individual, posición decúbito supino con el brazo derecho extendido junto al cuerpo y el izquierdo sobre la pelvis.

Orientación: Norte-Sur, con la cabeza al Sur.

Faltaban algunos restos óseos, debido a los procesos postdeposicionales y al hallazgo de 1999.

Se trata de un varón de entre 33 y 45 años de edad.

Probablemente existió algún elemento artificial que sujetó al cadáver (mortaja funeraria, pieles, cuerdas, etc.).

Patologías óseas: osteoartritis (vértebras dorsales), estrechamiento de la vértebra D8. Se relacionaría con actividad física (movimientos, posturas, peso, etc.).

Exostosis del canal auditivo, producto contacto intenso y frecuente con el agua fría: pesca y recolección marina (Santana, J. et al., 2010: 9-29).

Individuo 2: se desconoce el estado primario del individuo, sólo se documentaron algunos tarsos y metatarsos. También se desconoce la clase de sepultura y su relación con el resto del depósito.

Individuos 3 y 4: perinatales. 38-43 semanas de vida.

Fueron inhumados conjuntamente o al mismo tiempo, o transcurrido poco tiempo entre uno y otro. Proceso de descomposición en espacio abierto. No se han documentado restos de fardos funerarios. No hay tratamiento personalizado (con el adulto 1 si lo hubo). Se aprovechó un espacio funerario.

Se plantea que los individuos infantiles tienen otro tratamiento particularizado, diferente a los adultos, algunos autores hablan de marginalización en el tratamiento funerario (Santana, J. et al., 2010: 9-29).

Para los autores citados el espacio cementerial (El Hormiguero, El Cabezo y El Barranquillo de El Cabezo), se presenta como una gran área sepulcral, en el que el espacio está muy organizado, jerarquizado y complejo, que articula un territorio concreto, expresión de unos modos de vida arraigados en la costa Norte de Gran Canaria.

Existe una perdurabilidad de su uso, El Hormiguero 70-460 d.C. y El Barranquillo de El Cabezo, 790-900 (individuo 1) y 1170-1280 d.C. (individuo 4).

Este espacio de El Barranquillo de El Cabezo fue utilizado durante al menos 1.000 años. Dos tiempos funerarios (siglo VIII-X y siglo XII-XIII), por lo que según los autores citados (J. Santana, F. Mendoza, I. Suárez y M. Moreno) existe una perdurabilidad del uso de un espacio reconocido por sus prácticas funerarias, que se materializa en unas pautas sociales consolidadas a lo largo del tiempo (Santana, J. et al., 2010: 9-29).

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Bibliografía:

JIMÉNEZ MEDINA, Antonio M. y ZAMORA MALDONADO, Juan M. (2010): La Afurgad indígena. El poblamiento prehispánico en el término municipal de Firgas (Gran Canaria, Islas Canarias). Ed. Gobierno de Canarias. Ayuntamiento de Firgas. Anroart ediciones. Madrid.

NAVARRO MEDEROS, Juan Francisco (1979): "Excavaciones arqueológicas en El Hormiguero de Casablanca, Firgas (Gran Canaria)". Crónica del XV Congreso Nacional de Arqueología, pp.: 329-334.

SANTANA CABRERA, Jonathan; MENDOZA MEDINA, Félix; SUÁREZ MEDINA, Ibán y MORENO BENÍTEZ, Marco A. (2010): "Niños en la memoria: el depósito funerario del Barranquillo del Cabezo". El Museo Canario. Volumen LXV. El Museo Canario. Las Palmas de Gran Canaria, pp.: 9-29.



Ayuntamiento de la Villa de Firgas

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